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Cultura, producción y sociedad

"Arreglar la seguridad a punta de pistola es un mal negocio para todos"

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09 de noviembre de 2018 a las 14:50

Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

Hemos tenido a la cultura reservada para una elite de iniciados. Poco o nada hemos hecho para liberar las fuerzas enormes que la cultura tiene para cambiar y mejorar la realidad de todos, especialmente de aquellos que están pasando peor. 

En el mundo sobran ejemplos: Medellín, la antigua capital del narco líder Pablo Escobar, ha logrado reducir los homicidios en un 95%. ¿Cómo lo hizo? ¿Con el Ejército? ¿Con una Policía militarizada? Para nada. Lo hizo con la cultura.

Los responsables políticos hablaron con la gente, escucharon sus sueños y sus necesidades y empezaron a invertir. Plazas bien hechas, campos de deporte, bibliotecas unidas a centros cívicos de reunión con actividades, clases de variadas disciplinas (como música, pintura, cerámicas, carpintería, electricidad, etcétera), centros para atención de salud, wifi gratis, etcétera. Y todo cambió. Los que rompían todo ahora cuidan todo, los que se iban de esos barrios ahora vuelven.

Ejemplos de este tipo se multiplican por todos los continentes. Es hora para nosotros de llevar la cultura a los lugares más sacrificados por la pobreza y la miseria que tenemos en Uruguay. Si no, ¿para qué pagamos impuestos? ¿Quién establece las prioridades del gasto público sin pensar que el primer peso gastado debe ir al barrio más necesitado?

Arreglar la seguridad a punta de pistola es un mal negocio para todos. Es mejor invertir fuerte como sociedad para llevar un mundo mejor aquí y ahora allí donde están los grandes focos de problemas que mandar a la Republicana a patear puertas una vez cada tanto.

Esto debe ser una acción sistémica: el Estado debe decir presente sin concesiones y ejercer la autoridad para que lo demás resulte posible (no se puede montar una biblioteca si van a ser apedreados los camiones que llevan materiales) y eso se logra de abajo para arriba y no al revés (por ejemplo, no se puede insultar a un policía, quien lo haga será detenido y llevado al juzgado por desacato; si no prueben a insultar un policía en Estados Unidos a ver cómo les va).

Establecido el imperio de la ley y ejercida como corresponde la autoridad, el Ministerio de Salud, el de Deportes, el de Educación y Cultura, el Mides, la UTU y la intendencia deben invertir fuerte primero en el barrio más hundido, luego en el siguiente y así siguiendo.

Es evidente que como sociedad no estamos haciendo esto: quien quiera convencerse que pasee una tarde por Casavalle. Invertir en cultura en los barrios complicados es lo mejor que podemos hacer porque la cultura se transforma en producción: se crean unidades de mininegocios (en comercio, artesanías, servicios, internet, etcétera) gracias a la creatividad de la gente, se puede acercar la producción agropecuaria a los jóvenes con huertas orgánicas en escuelas y centros educativos o criaderos demostrativos de animales de granja o quintas de frutales, etcétera, todo lo cual despierta vocaciones, abre puestos de trabajo sustentables y aleja a las personas de la dependencia de ayudas populistas o actividades delictivas.

Nada de esto es difícil de hacer. En realidad ya se ha hecho en muchos lados e incluso en Uruguay con éxito espectacular (ver por ejemplo Los Pinos en medio de Casavalle). Lo que se precisa es correr la telaraña ideológica que bajo las banderas de ayudar a los pobres no hace otra cosa sino hundirlos más en la violencia y la marginalidad.

Si no, ¿cómo es posible que después de años de extraordinaria bonanza que el país vivió gracias a los altos precios de las materias primas y los bajísimos niveles de la tasa de interés mundial tengamos la situación que tenemos?

La única explicación es que se repartió plata en forma populista, lo que es esencialmente tóxico para la gente, pero no se invirtió nada en cultura allí donde se necesita; no se mejoró el capital humano de nadie; no se levantó ninguna zona desfavorecida, nada.

Así la situación se empeora en vez de mejorar: nadie aprende nada, nadie respeta nada, nadie se esfuerza para lograr nada y crece el delito, crece la pérdida de valores y crece la sensación de desánimo y los que pueden se van (del barrio o del país). O sea una derrota completa de la sociedad, que es lo que estamos presenciando. 

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