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Jugarse la ropa: caribeños trabajando en Uruguay

Con fuerte presencia venezolana adquieren mayor visibilidad en el mercado laboral; se valora su predisposición y sobrecalificación

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19 de julio de 2017 a las 05:00

A solo una semana de que Felix Cañizalez (24) llegara a Uruguay junto a un amigo sin conocer a nadie, el venezolano caminaba por Portones Shopping cuando de su bolso se le cayó una bandera de Venezuela sin darse cuenta. En ese momento fue llamado por la encargada de un local de venta de ropa para devolvérsela. Mientras Cañizales mantenía una amigable charla con la mujer, notó que en la tienda se requería personal. Consultó cómo hacía para postularse, y a la mañana siguiente estaba entregando sus antecedentes laborales y educativos de forma presencial. En esa misma tarde recibió el llamado y, entrevista mediante, al otro día comenzó a trabajar. Es licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas y decidió venir a "un país pequeño pero lleno de oportunidades" para ayudar a su familia y crecer profesionalmente. El primer objetivo se ha cumplido; para lograr el segundo "sigue tocando puertas".

A ese trabajo añadió hace tres meses un segundo como ayudante de mozo en el restaurante Tona del empresario Hugo Soca. Ese local gastronómico se ha caracterizado en los últimos tiempos por una atención afable, según se desprende de comentarios de clientes. Hoy de los 16 empleados con que cuenta, nueve son de origen venezolano, casi todos con títulos universitarios.

"Cuando seleccioné el equipo me encontré con que al uruguayo le faltaban ganas para brindar servicio. Tenía muchos currículums de venezolanos y me dije: ¿Por qué no darle oportunidades si en definitiva este es un país de inmigrantes? Tomé a dos en principio y comencé a ver que la gente se sentía cómoda. Aunque a veces tienen una atención que puede resultar cargosa para algunos, estoy muy gratificado porque responden bien. Son simpáticos, siempre de buen humor y dispuestos, lo que los diferencia de los uruguayos que tienden a ser más apáticos", comentó el chef a Café & Negocios.

Uruguay es producto de flujos migratorios muy potentes que comenzaron a fines del siglo XIX para "hacer la América", pero desde 1930 esa corriente se frenó con un pronunciado declive hasta 1960, cuando se detiene totalmente. El fenómeno nuevo es que ahora se está recibiendo un flujo migratorio creciente por primera vez desde Latinoamérica, que se hace cada día más visible.

La country manager de Western Union para Uruguay, Juliana Carreau, comentó que se notó un incremento de inmigrantes a partir de 2012 y eso es positivo tanto para la empresa como para el país. "Nuestro principal cliente es el inmigrante y Uruguay se encuentra experimentando un buen ambiente macroeconómico gracias al aumento en la llegada de estos", sostuvo Carreau.

De hecho, la fuerte corriente migratoria llevó incluso a Western Union a bajar los precios de las remesas de 6% del monto girado a 4%. La firma tiene una participación de mercado cercana al 75%. Trabaja con Abitab y Gales, en 900 sucursales. La cantidad de remesas hacia fuera del país creció 8% en 2016 con respecto a 2015, aunque el monto total no varió demasiado, según datos del Banco Central del Uruguay.

Sobrecalificados

Para la directora de Selección & Calidad de Adecco, Gimena Valladares, se nota un claro aumento en la aparición de la oferta de mano de obra, sobre todo de venezolanos, cubanos, dominicanos y algo de ecuatorianos, pero que se diferencian en su formación.

Mientras venezolanos y cubanos poseen un muy buen nivel académico –incluso con maestrías y posgrados–, en el caso de los ecuatorianos y dominicanos son más bien formados en oficios y carreras técnicas. Tanto en el caso de los venezolanos como de los cubanos, poseen una muy buena capacitación en informática, lo que les permite rápidamente acceder a puestos de trabajo dado el requerimiento de una industria que tiene desempleo cero.

"Si bien en Cuba la educación es buena, este rubro requiere de una infraestructura tecnológica que Uruguay me podía brindar", Dayan Ruiz, ingeniero informático en One Tree.

De hecho, la empresa de soluciones interactivas One Tree, propiedad de Carlos Acle, emplea en la actualidad a cinco cubanos entre sus 50 trabajadores. En todos los casos, los ingenieros foráneos afirmaron que no experimentaron ningún problema para conseguir trabajo luego de su llegada al país.

"Son todos muy bien formados y con muy buen inglés. No tienen mayores problemas para integrarse a los equipos de trabajo. Para la empresa aportan diversidad cultural, lo que siempre enriquece", apuntó Acle, aunque dijo que al ser un sector en donde el trabajo es fuertemente motivacional no se diferencian tanto a los uruguayos en su disposición al trabajo. Aun así, no todos los que llegan están capacitados para insertarse en ese sector, por lo que se tiende a estar dispuestos a asumir alternativas laborales con menos expectativas.

Valladares de Adecco explicó que bajan sus aspiraciones con tal de tener una oportunidad laboral y sumar experiencia local. "Poseen un diferencial en lo que tiene que ver al caudal energético. Están a la orden, colaboran para lo que sea y tienen una simpatía en el día a día que los diferencia. Valoran su primera oportunidad, no buscando tanto un intercambio económico, sino la intención de demostrar su fuerza laboral y su valía profesional. En nuestro caso la colocación de personas extranjeras ha sido exitosa, con una positiva valoración de los empresarios", acotó.

"(Los venezolanos) Son lo más atentos y uno nota que están sobrecalificados para los puestos de trabajo que desempeñan", dijo el gerente general de la Cámara de Comercio, Claudio Piacenza

En este sentido, la gerenta de Recursos Humanos de Mazars, Verónica Monteserín, coincidió en que en el caso de los venezolanos son perfiles muy calificados, pero que al principio tienen dificultades para insertarse en su área de formación –demoras en revalidar el título– y comienzan a desempeñarse en atención al público, demostrando buenas aptitudes para el trato con clientes.

Sin embargo, la supervisora en consultoría de Capital Humano de KPMG, María Laura Volpi, dijo que aunque cubanos y venezolanos comparten una muy buena formación y experiencia, uno de los problemas que presentan es la sobrecalificación. Esto hace que estén dispuestos a aceptar un cargo inferior por cierto tiempo, lo que genera una intensa rotación en la búsqueda por la mejora y eso es algo negativo con lo que tienen que lidiar las empresas.

Para Volpi, otra de las dificultades que se presentan es que en algunos casos –aunque va principalmente en el perfil personal– cuesta la integración a los equipos de trabajo, al generarse grupos entre ellos mismos que se terminan aislando en comunidades propias. "Habría que profundizar en las causas. Puede ser hasta por un tema de comidas o necesidad de cercanía, pero esto a los empresarios les está causando un poco de ruido", señaló.

En tanto, el CEO de las tiendas de cercanía Kinko, Juan Ravecca, que tiene en la actualidad a alrededor de 20 venezolanos trabajando en su empresa (10% del total de empleados), señaló que vienen muy preparados y con muchas ganas de trabajar. "Es su nueva realidad y hay que meterle porque es lo que les tocó. Lo que tienen principalmente es que vienen a jugarse la ropa", reflexionó.

"Se hacen visibles porque difieren a nuestra historia migratoria con respecto a los orígenes. Los cambios de flujo ahora en Uruguay pasaron de ser negativos a positivos", opinó el especialista en demografía económica Juan José Calvo

En un sentido similar, opinó la doctora en Demografía de la Facultad de Ciencias Sociales, Victoria Prieto, que sostuvo que por lo general los niveles de desempleo para los inmigrantes en los países de acogida tienden a ser bajos, debido a que no se pueden permitir no trabajar.

Sin embargo, la académica aclaró que la falta de dinámica del mercado de trabajo en Uruguay y las dificultades que presenta el país para la convalidación del título universitario con períodos muy largos de espera, provocan que personas sobrecalificadas accedan a trabajos más precarios.

"En los sectores que más se encuentra son en el servicio doméstico, sobre todo personas provenientes de Perú o Bolivia que no se desempeñaban en esos tipos de trabajo en su país de origen. Desembocan en puestos como guardias de seguridad, en los gastronómicos, de limpieza, del transporte –como Uber y similares o taxis–, porque son de más fácil inserción, pero también son más precarios, inestables, con salarios más bajos por ser sectores pocos productivos de la economía", aseguró Prieto.

Según el consultor en capital humano de Human Phi, Sergio Chanes, la separación del migrante de sus seres queridos, a lo que puede sumarse frustración del proyecto migratorio, puede generar un cuadro intenso de estrés en quienes dejan su país. Este cuadro psicológico se conoce como Síndrome de Ulises, en referencia al héroe mítico de la Ilíada.

En 2014 fueron pedidas 625 residencias, en 2015 más de 6.000 y en 2016 8.000; para 2017 se esperan 18.000.

En el caso de la empresa Securitas, el gerente de Gestión Humana, Jorge Silva, dijo que entre sus empleados cuentan con guatemaltecos, dominicanos, peruanos y colombianos, pero que en general los venezolanos se destacan por su currículum. Según García, el resto de los extranjeros no presentan calificaciones muy por encima de lo que sería una persona de nivel socioeconómico medio en Uruguay. "Tiene un perfil algo más sumiso y suelen no generar ningún tipo de problemas. En atención al público el cubano se destaca en particular", afirmó.

Romper mitos

Aunque es un debate que no está resuelto, desde el punto de vista del mercado laboral se argumenta que la llegada de inmigrantes aumenta la oferta de mano de obra, y por tanto, ejerce presión a la baja sobre los salarios.

Sin embargo, ante la dificultad de aislar el efecto inmigración de otros factores que afectan el mercado laboral –como la tecnología, el ciclo económico o la globalización–, otras teorías señalan que la presión a la baja sobre los salarios que ejerce la mayor oferta de trabajadores poco calificados queda compensada por la presión al alza de una demanda más elevada que ejercen sectores que quieren aprovechar la abundancia de dichos trabajadores, de tal manera que oferta y demanda se ajustan.

Para el economista especializado en demografía Juan José Calvo, los inmigrantes suelen tener efectos positivos en las economías –sobre todo en una economía con crecimiento demográfico casi nulo como la uruguaya–, porque se insertan en mercados de actividades que no encuentran trabajadores. "El mercado del trabajo está muy segmentado por la calificación y muchas veces se insertan en sectores de bajo nivel, por lo que necesariamente no influyen en el precio. Además contribuyen a aumentar el valor agregado y el producto del país", dijo Calvo.

En la misma dirección opinaron Hugo Bai del Instituto Cuesta Duarte y Prieto, que aseguraron que si bien en Uruguay ha crecido el número últimamente, es muy bajo para influir en el mercado del trabajo. "En lo local no es todavía un tema crítico o que hayamos analizado. Tiene impactos obvios a corto plazo, pero hay que mirar al largo. No se está dando que los uruguayos sean afectados por esto", sostuvo el economista.

Para la abogada especialista en migración Valeria España, todas las migraciones son calificadas porque parten de la base de que las personas que toman la decisión de emigrar ya cuentan con recursos simbólicos y materiales para salir del país. "A nivel mundial hoy en día se considera uno de los mecanismos más visibles de movilidad social", apuntó.

5500

venezolanos son los que han pedido residencia permanente en Uruguay, convirtiendo a Venezuela en el segundo país con más pedidos, por detrás de Argentina. Cuatrocientos cubanos arribaron al país en 2016, con una fuerte presencia de ingenieros informáticos. Si bien en 2012 comenzó una inmigración muy importante de dominicanos, ese flujo comenzó a caer en 2014 a partir de que se les empezó a solicitar visas para el ingreso al país. Incluso se comenzaron a dar retornos.


Un ascenso meteórico

José Areque
José Areque - Supervisor en Securitas
José Areque - Supervisor en Securitas
Víctima de dos secuestros en Caracas, "la ciudad más peligrosa del mundo", José Areque (38) llegó a Uruguay en julio de 2015 junto a su esposa y su hija. A pesar de que en su país tenía una buena posición como abogado corporativo, priorizó la seguridad. Con pasado militar, comenzó en Securitas como guardia de seguridad, pero rápidamente se destacó y en un año y medio llegó a supervisor teniendo hoy a 120 personas a cargo . Al principio su sobrecalificación le cerró puertas, pero luego lo laboral se fue dando. Lo primero que lo "mató", dice, fue el frío. Y aunque cambió algunos problemas por otros, para él "Montevideo es un paseo de campo".

Un sector de oportunidades

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Yani Lis - Informática One Tree
Yani Lis - Informática One Tree
Yani Lis (31) se recibió de ingeniera por la Universidad de las Ciencias Informáticas de la Habana. Seis meses antes de arribar al país lo había hecho su esposo, también informático, que fue contratado vía LinkedIn. Detectaron que Uruguay ofrecía muchas oportunidades en lo laboral para su rubro y un lugar tranquilo con un buen sistema de salud, prioridades a tener en cuenta por su hijo de cuatro años. Luego de que Yani resolviera a su llegada las necesidades primarias de su hijo, tardó menos de un mes en conseguir empleo. Estuvo en una empresa durante nueve meses, pero la dinámica del sector le permitió cambiar a un área más especifica que le gusta.

Su propio negocio

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Camila González - Dueña de Estética Integral
Camila González - Dueña de Estética Integral
Hija de uruguayos, a la venezolana Camila González la acogía la ley de retorno que le permitió, por ejemplo, validar sus ahorros como ingresos. Contaba con amigas en Uruguay, lo que le ayudo mediante redes sociales a hacer clientela. A pesar de encontrarse con algunos vericuetos laborales al inicio, hace un mes pudo abrir su propio negocio de estética integral. Cuando amigos venezolanos le preguntan, les cuenta que los uruguayos son fantásticos, "cero xenofobia" y hasta que les encanta su acento. Sin embargo, advierte que para venir "se necesitan mínimo US$ 5.000 para sostenerse mientras uno se estabiliza, porque es difícil salir adelante".

Influencia del "Señor Pepe Mujica"

José Luis Ramos
José Luis Ramos - Encargado de Tona
José Luis Ramos - Encargado de Tona
Con dos carreras universitarias, José Luis Ramos (38) se desempeñaba en Venezuela como encargado regional de Digitel, una de las principales empresas de telecomunicaciones del país, aunque estuvo antes vinculado al mundo gastronómico. La primera vez que pensó en Uruguay fue después de ver un documental del "Sr. Pepe Mujica", pero al llegar se dio cuenta que la realidad no era tan así como la pintaban. Estuvo tres meses sin empleo porque, según cuenta, se encontró con que mucha gente no lo contrataba sin tener la cédula para que habilitara su inscripción en BPS. Consiguió trabajo en Tona como ayudante de mozo y dos años después es el encargado general del lugar.

Luchar para sobrevivir

Miguel Peña
Miguel Peña - Guardia de Seguridad
Miguel Peña - Guardia de Seguridad
Miguel (47) llegó a Uruguay el 7 de noviembre de 2013 desde República Dominicana, donde "había muy poco trabajo". Antes, se había venido su hermano, quien le dijo que en el país "algo se encontraba". Eso le dio la motivación para partir, pero con la convicción de que como todo inmigrante para sobrevivir "había que luchar". Mientras que en su país de origen trabajaba como chofer de transporte, acá lo hace como guardia de seguridad hace ya tres años y medio. Valora la amabilidad y el respeto de los uruguayos y destaca que las reglas son claras y precisas a la hora de trabajar. Un tiempo después de llegar, pudo traer a su esposa y sus dos hijas.



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