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Marie Kondo de oficina: consejos para ordenar tu escritorio y tus ideas

Acumular papeles es tan nocivo como postergar tareas pendientes. Tomar acción sobre el caos externo es clave para despejar la mente y ser más creativo

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22 de abril de 2019 a las 11:08

Marie Kondo, la popular especialista japonesa en orden, ayuda en algo más que acomodar la ropa.

"Como es adentro es afuera” es una de las llamadas Leyes de Correspondencia del budismo. ¿Qué significa? Que todo lo que se siente, percibe o se vive en el mundo interior -aunque sea inconscientementese- se manifiesta de alguna forma en el exterior.

De allí que el caos externo y el desorden permanente, tanto sea en lo personal o en el trabajo, dice mucho de uno. Los estudios científicos que analizan los comportamientos humanos han establecido que el acumulamiento de cosas y el desorden están relacionados con diferentes clases de miedos. El miedo al cambio, a sentirse olvidado o dejado de lado, a la carencia y a ser poco considerado por los demás, simbolizan también una confusión interna, falta de foco en lo esencial, tendencia a la procrastinación (postergar las cosas) y a la imposibilidad de conducir las riendas de la propia vida.

Un ejemplo práctico que posiblemente a todos nos ha pasado: el ropero suele estar completamente desordenado, y con muchísimos artículos que no usamos por meses o años. Un día tomamos la decisión de ordenarlo: empezamos a descartar lo que sabemos que no utilizaremos, acomodamos a nuestro gusto, clasificamos según un criterio de practicidad y… ¡magia! Nos sentimos plenos de una energía imparable que nos lleva a seguir ordenando: las alacenas de la cocina, la biblioteca, el living.

Si bien algunas teorías del caos organizativo lo asocian con cierta capacidad creativa, no hay nada de malo en cierto desorden por momentos: el tema es cuando se vuelve patológico, recurrente y sostenido en el tiempo. En un lugar inconsciente estás resistiéndote a cambiar y evolucionar. Un ejemplo de ello son las personas que padecen de la patología psiquiátrica de acumulación compulsiva, hasta niveles asfixiantes. Al no poder manifestar externamente lo que sienten (angustia, decepción y frustración por lo que les pasa) literalmente “se lo comen” (en muchos casos también aumentan de peso o se abandonan físicamente hasta niveles alarmantes).

Acumular papeles y tareas significa falta de responsabilidad o de habilidad para gestionar los asuntos. Mantener objetos rotos o dañados por meses o años pensando en que los vas a reparar (y no lo hacés nunca), simboliza sueños y promesas rotas.

No arreglar algo que te complica la vida, por ejemplo, una canilla que gotea, se entiende como que tenés problemas en dejar fluir la salud y la abundancia en general.

Si te resistís a ordenar tu agenda y acumulás papeles, comprobantes y boletas y no los pasás a otro sistema de archivo, significa energía estancada en asuntos menores que no te permiten progresar.

Si sos jefe o líder y le pedís a todo tu equipo reportes y rendiciones de cuenta, y pocas veces las revisás, es que tenés afán de control e, inconscientemente, de tenerlos a todos “a tu servicio” para satisfacer alguna necesidad interna no satisfecha. 

Claves prácticas para resolver el desorden

Los objetos y lugares cargan energía. Todo lo que heredás, o el nuevo departamento y oficina que ocupás, está impregnado de la energía de quienes te antecedieron. Habrás percibido algunas veces esta carga que no coincide con la tuya. Limpiá las paredes o pintalas completamente.

Desordená y ordená de inmediato. Cualquier cosa de orden que te lleve menos de un minuto, hacelo en el momento. Lo que te lleve hasta cinco, completalo dentro de una hora; y lo que te lleve hasta media hora, programalo para resolverlo dentro del mismo día.

Limpiá y ordená tu escritorio. Clasificá los papeles en carpetas bien rotuladas; los tarjeteros y contactos digitales por orden alfabético. Establecé una sola forma de ingresar datos en tus sistemas de la computadora. Hacé una limpieza completa cada seis meses. Lo mismo vale para el orden en tu computadora personal o servidores que compartas, y los mails que se acumulan sin procesar en tu bandeja de entrada.

Leé sólo un libro por vez. Una pila de libros sin leer no te ayudará a terminar siquiera uno. Sincerate con aquellos textos que -¡sí, lo sabés!- jamás vas a leer: donalos o regalalos.

Controlá tus impulsos de consumo. Antes de comprar, preguntate: ¿es verdaderamente imprescindible? ¿Lo necesito? ¿Lo quiero? Elegí con criterio, no por capricho.

Mantené tus finanzas lo más al día posible. Te traerá tranquilidad mental y de espíritu. Si no podés estar meticulosamente en regla, al menos tené registradas todas tus entradas y salidas, y las deudas, separadas por rubros.

Fuente: El Cronista - RIPE

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